“El aborto es una cuestión de salud pública y hay que resolverlo”. “No podemos seguir siendo hipócritas. De una vez por todas hay que dejar de poner en riesgo la vida de las mujeres”, dijo en más de una entrevista nuestro presidente electo Alberto Fernández, y lo ratificó en la charla que ofreció a estudiantes en la UNAM en el hermano país de México: “Yo no soy un hipócrita. Si hay algo que me complica la vida es decir lo que creo. Toda mi vida enseñé que el aborto nunca debió haber sido un delito. Y esta altura de los acontecimientos creo que no debe ser un delito y que el Estado debe garantizar que las mujeres puedan acceder a un aborto en condiciones de asepsia». Y agregó: «Es un problema de salud pública. Que el aborto no sea castigado, las mujeres no están obligadas a abortar”. Semanas después, en la presentación del libro Somos Belén, de la escritora y periodista Ana Correa, volvió a asumir su compromiso con la interrupción voluntaria del embarazo, por si a alguien le quedaban dudas al respecto.

Pero no se quedó ahí, anunció que va a presentar un proyecto para que sea tratado en el Congreso Nacional lo antes posible, dejando en claro que sus posicionamientos van más allá de solo “habilitar la discusión” tal como lo hiciera el presidente saliente Mauricio Macri, quien de manera oportunista e irresponsable no garantizó las bases para avanzar en la conquista de este derecho, que representa la principal deuda de la democracia con las mujeres y personas gestantes.

Esta actitud antiderechos volvió a evidenciarse, una vez más, con el bochornoso veto a la resolución que otorgaba rango ministerial al Protocolo de Interrupción Legal del Embarazo, poniendo en discusión la validez de los derechos adquiridos desde hace un siglo, lo que provocó la salida anticipada del Secretario de Salud Adolfo Rubinstein.

En este marco, el compromiso del presidente electo implica asumir la responsabilidad del Estado de dar respuesta desde una política de salud pública a una realidad que constituye una de las principales causas de mortalidad de personas gestantes en la Argentina y pone en valor los derechos humanos y la soberanía sobre sus propios cuerpos a las mujeres y personas gestantes como nunca un Jefe de Estado lo había enunciado.

Llegamos hasta aquí con el acumulado de décadas de lucha del movimiento feminista por el derecho a decidir sobre nuestros propios cuerpos y plan de vida, con una marea verde forjada por la hermosa y poderosa revolución de les hijes que ocuparon las calles e hicieron vigilia contra viento y marea frente al Congreso de la Nación, y en las plazas públicas de todo el país, y lograron no solo que por primera vez en nuestra historia el aborto legal obtuviera media sanción en la Cámara de Diputadxs, sino que gracias a elles conquistamos la despenalización social del aborto.

No quedan dudas de que esa marea poderosa tuvo mucho que ver con los resultados electorales de octubre y a elles les debemos en parte el fin de un gobierno neoliberal que solo trajo empobrecimiento y tristeza a nuestra sociedad. A elles también les debemos la ley y Alberto lo sabe.

La autora es diputada nacional por Somos

Nota publicada en Infobae