Hay concordancia en aspectos centrales entre ambos países, que hay que tomar en cuenta para aprovechar las oportunidades para el crecimiento, soberanía y desarrollo de la Argentina.

Cuando las ruedas del avión toquen el suelo de Pekín, la Argentina estará comenzando a escribir otro capítulo de su larga tradición multilateral. Es enmarcado en esta costumbre que el Presidente Alberto Fernández llega de visita oficial al gigante asiático, mientras están por comenzar los Juegos Olímpicos de Invierno 2022 y ambos países celebramos medio siglo de relaciones comerciales y cooperación sino-argentina.

Nuestro primer mandatario arribará además a la nación a la que el Estado argentino le compró más de 35 millones de vacunas para enfrentar la pandemia y dar lugar así a la campaña de vacunación más grande de la historia, hoy una realidad en la Argentina gracias al conjunto de dosis provenientes también desde otros Estados (donde sobresale la Sputnik V del Instituto Gamaleya, propiedad de Rusia, escala anterior en el viaje presidencial).

Además para Alberto el viaje oficial a China adquiere un significado excepcional. Pues él era el jefe de Gabinete de Néstor Kirchner cuando el entonces Presidente definió acercar estratégicamente posiciones entre ambas naciones ya insertadas en las dinámicas del siglo XXI, lo cual también convierte a esta misión en una continuidad de ese legado. Nada se pierde.

Nuestros representantes oficiales estarán presentes en los Juegos Olímpicos de Invierno, cuya sede este año es la capital de la República Popular China, en coincidencia con dos aspectos centrales, lo cual transforma a la misión en un hecho destacado. El primero, en consonancia con nuestra política interior y exterior con perspectiva de género, dar un espaldarazo oficial a lo que serán los Juegos Olímpicos con más presencia de mujeres y disidencias de la historia. El segundo, indispensable para una potencia media como la Argentina, el establecimiento de diálogos de alto nivel entre miembros de distintas esferas del gobierno argentino y el chino.

Yendo a lo primero, vale destacar que la importancia de los Juegos Olímpicos en la política internacional siempre ha sido históricamente relevante. Han signidicado una plataforma inigualable para visibilizar hechos de discriminación y racismo. El mismo tipo de situaciones cuya matriz denunciamos activamente desde el organismo que dirijo, el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo –INADI–.

Haciendo un poco de historia, sirve recordar el caso del corredor afroamericano Jesse Owens, que, siendo nieto de esclavos e hijo de recolectores de algodón en la segregacionista Alabama de principios del siglo XX, se convirtió en el primer ganador de cuatro medallas de oro en la historia de los JJ.OO. Todo esto, además, con el componente de que los Juegos Olímpicos de 1936 se desarrollaron en la Berlín del nazismo, ridiculizando así las teorías de la superioridad racial imperantes en ese lugar y momento. Junto con la discriminación racial, los temas de género y diversidades han hecho paulatinamente su ingreso en el terreno de los cinco anillos, cuando, por ejemplo, el equipo de gimnasia artística femenina de Alemania lució en los Juegos Olímpicos de Tokio un uniforme no sexualizante, que cubría sus piernas y brazos. Algo similar hizo el equipo femenino de voley de Noruega, teniendo que afrontar una multa por cambiar culottes por pantalones cortos. Los JJ.OO. de Pekín 2022 son, luego de estas luchas, un mar de oportunidades para mujeres y disidencias. Respecto de sus inmediatos anteriores, aumentó la cantidad de mujeres participantes de un 41 a un 45%. Además, Sarah Escobar, de 19 años, será la primera mujer que participará por Ecuador en el esquí alpino de unos Juegos Olímpicos de Invierno. También hará punta Timothy LeDuc, que será el primer patinador no binario en participar en los JJ.OO. Por si esto fuera poco, 33 deportistas pertenecientes al colectivo LGTBIQ+ participarán de los JJ.OO este año, el mayor número de visibilización de los Juegos Olímpicos de Invierno. Todas las personas que seguimos de cerca estas temáticas no podemos sino regocijarnos de ver que cada vez son más quienes pueden acceder y lucirse en lo que es una verdadera fiesta mundial.

Segundo, pero no menos importante, la Argentina estará representada en dos sentidos. Por un lado, con nuestra delegación de seis atletas (Francesca Baruzzi, Tomás Birkner, Nahira Díaz, Franco del Farra, Verónica Ravenna y Victoria Rodríguez López) y sus oficiales, y por los/as dos argentinos/as que integran el Comité Olímpico Internacional. Por el otro, asistirán oficialmente nuestro presidente, tres gobernadores/as, representantes de diversas áreas especializadas del gobierno nacional y un intendente. Será una oportunidad única para dejar bien en alto nuestra bandera, sea cual fuere el resultado de nuestros deportistas. Esto es así porque debe darnos orgullo que contando con menos infraestructura que otros países podamos enviar una delegación a dichos Juegos, y también porque nos dará la oportunidad de sellar acuerdos con el Gobierno de la República Popular China que serán beneficiosos para ambas sociedades.

En cuanto al establecimiento de diálogos de alto nivel entre miembros de distintas esferas del gobierno argentino y el chino, es una situación que como señalé en mi anterior columna se inscribe en la imperiosa necesidad de aceitar la cooperación Sur-Sur entre ambos pueblos.

Pues con China no sólo tenemos economías complementarias, sino que además, y fundamentalmente, el gigante asiático puede ser un socio comercial destacado para que nuestro país consolide y expanda su capacidad exportadora.

En particular en lo que hace a esta misión, China comprará a la rionegrina INVAP dos reactores de uso medicinal y de investigación por U$S 800 millones, se sellarán acuerdos para que el país asiático invierta en materia energética en nuestro país, y se seguirá avanzando en la agenda ambiental, de importancia para ambos gobiernos. Además, será la oportunidad para avanzar en el proyecto de “Malbec Cero Arancel”, que posicionará a nuestras economías regionales de manera virtuosa ante el quinto consumidor mundial de vino, China, y nos permitirá incorporarnos a la nueva Ruta de la Seda, que significará una necesaria inversión en infraestructura para conectar mejor a la Argentina internamente y de cara al exterior.

Relacionarnos con China es pensar hacia adelante, ya que es hoy en día nuestro segundo socio comercial, y se ha convertido en el primero de Brasil, Uruguay, Chile y Perú. Esto, por supuesto, no quiere decir que haya de ser nuestro único socio, sino que es un paso necesario para no quedarnos por fuera de las oportunidades de cooperación que ofrece el relacionarnos con un país que está dispuesto a comprar nuestros productos con valor agregado, que dan trabajo de calidad a tantos argentinos/as. En este sentido, la profundización de las relaciones bilaterales no debe tampoco significar el abandono de la lógica regionalista y multilateral que nos permite ser el país que actualmente preside la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y una de las mayores economías de la región.

Creatividad, apertura a lo distinto y respeto de la soberanía nos acercarán cada vez más a tener el desarrollo original y autónomo por el que hemos decidido apostar.

Lo anterior, lejos de significar el alineamiento automático e inequívoco con la nación de la Gran Muralla, intenta rescatar los pilares de la multiculturalidad en un mundo cada vez más interconectado, diverso y cambiante al mismo tiempo.

Probablemente desde nuestra racionalidad occidental nos cueste mucho más asimilar semejantes oscilaciones. Adaptarnos a las circunstancias también es entender el mundo sobre el que caminamos en el siglo XXI y poder aprovechar las oportunidades que del mismo brotan para el crecimiento, soberanía y desarrollo de la Argentina.

Victoria Donda

Nota publicada en Telam

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