Si la Constitución establece la forma de organización y los principios fundamentales de una comunidad política, la elección de la Profesora Elisa Loncón al frente de la Convención Constitucional chilena, por una mayoría absoluta de votos, es ilustrativa del cambio de rumbo del país hermano.

No solo Loncón reviste una condición estructuralmente signada por los “techos de cristal” por ser mujer, sino que, sobre todo, es una mujer mapuche, criada en la Araucanía y hablante nativa del mapundungún. Esta interseccionalidad, sin embargo, no es una característica particular de esta lingüista. Por el contrario, uno/a de cada diez chilenos/as es descendiente de pueblos originarios –aunque mayoritariamente mapuches, también los hay colla, quechuas, aymaras, diaguitas-, y, como en todo el mundo, las mujeres son en Chile el grupo social mayoritario. Sin embargo, estos sectores han sido tradicionalmente subrrepresentados políticamente y discriminados –cuando no físicamente vejados y económicamente excluidos- por motivos culturales y concepciones racistas de la nación. Esa nación se pensó blanca, masculina, y, fundamentalmente, en singular. Esa matriz colonial que, en un primer momento, subyugó a los pueblos originarios, y, luego, los negó, está siendo puesta en discusión por la sociedad chilena movilizada desde hace algunos años, y es a la que se enfrenta la Dra. Loncón y todo lo que ella representa.

Pero como toda persona proveniente de un grupo excluido –varios a la vez-, tuvo que hacer el doble de esfuerzos para ser escuchada. Descendiente de una familia luchadora de su comunidad, cuarta hija de siete, estudió en la universidad en Chile para convertirse en docente de su lengua natal. Se especializó en México, Holanda y Canadá. Trabajó para la UNESCO, el gobierno mexicano y distintas universidades chilenas y extranjeras, enseñando el mapundungún y perfeccionando las técnicas para su aprendizaje, sobre las que escribió artículos y libros.

Su perfil, no obstante, no es –por si fuera poco-, solo el de una brillante académica. Loncón también es una histórica activista por los derechos lingüísticos y a la autodeterminación de los pueblos originarios. Participó de la creación de la bandera mapuche en los años noventa, y siempre abogó por una noción de plurinacionalidad.

Bandera mapuche, creada en 1992.
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Bandera mapuche, creada en 1992.

Este es el punto nodal de la elección de Loncón. Ella no es meramente una figura simbólica, puesta al servicio de la corrección política: representa a todas aquellas naciones integrantes del Chile que han sido históricamente invisibilizadas, que han vuelto organizadas para ocupar el lugar que les corresponde. Su derecho a la autodeterminación no acaba en la libertad lingüística, sino que incluye el reconocimiento activo de su cultura por parte del resto de los grupos que integran la sociedad; cultura que no se compone de elementos estáticos –ilustrativo es el posicionamiento favorable al aborto de la Profesora, así como su reivindicación de las disidencias sexuales y de género-, pero, esencialmente, una que merece ser vista como autosuficiente y, por ello, ser sustento del reconocimiento de un Estado plurinacional.

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